Meditar me es imposible ¿cómo hago para dejar de pensar?
Estas son unas de las frases que más escuché a lo largo de los años cuando alguien quiere comenzar a meditar.
Y la verdad es que quizás el problema esté justamente ahí: en creer que meditar significa dejar la mente en blanco.
Al comienzo, intentar sentarse en silencio suele hacernos más conscientes de la cantidad de pensamientos que ya estaban ahí. No significa que estemos haciéndolo mal. Significa que recién estamos empezando a observarlos.
Por eso, muchas veces resulta más sencillo empezar con meditaciones guiadas o prácticas que involucren el cuerpo y la atención de manera activa: caminar conscientemente, pintar, bailar, cantar, practicar yoga o simplemente realizar una actividad prestando atención plena a lo que estamos haciendo.
Cada vez que notás que te distraés y volvés tu atención al presente, estás ejercitando exactamente aquello que la meditación busca desarrollar.
No se trata de hacerlo perfecto.
No se trata de controlar la mente.
Y mucho menos de juzgarte cuando aparecen pensamientos.
La práctica consiste, una y otra vez, en volver.
Volver al cuerpo.
Volver a la respiración.
Volver al momento presente.
El yoga también puede ser una gran puerta de entrada pero no es la única, conozco muchas personas que meditan caminando, andando en bicicleta, danzando, haciendo jardinería, cocinando, tejiendo, en sí, haciendo justamente lo que aman, lo que disfrutan, porque en ese instante se enfoca en cuerpo mente y alma en esa actividad que les nutre el corazón.

Y creo que es a través del amor que aprendemos a habitar el aquí y ahora de una manera más natural.
y aunque los pensamientos no desaparezcan, ya nos nos controlan ni nos llevan al pasado o al futuro, porque la mente en esos momentos ocupa su lugar y se pone al servicio del ser para habitar la materia con presencia amorosa.
Y poco a poco descubrimos que la calma no surge de controlar nuestra experiencia interior, sino de desarrollar una relación más amable con ella.
Quizás meditar no sea dejar de pensar.
Quizás sea aprender a estar presentes, incluso cuando la mente sigue hablando permitiendo que nos sorprenda con sus ocurrencias ampliando nuestra visión interna.
Y desde allí, comenzar a habitar la vida con más consciencia, presencia y serenidad.
Con amor
Gi